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Intersecciones Psi
Revista Electrónica de la Facultad de PsicologÃa de la UBA
Año 16 – Número 58
Marzo 2026
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Secretaria de Extensión, Cultura y Bienestar Universitario
M. Alejandra Rojas
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Director General
Jorge A. Biglieri
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Generación de Contenido
Pablo Fernández
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Diseño
Agustina Espector
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Diagramación
Alejandro Zeitlin
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Colaboran en este número:
MartÃn Alomo
Elizabeth Barnabá
Federico Beines
Victoria Cecilia Belaustegui Goitia
Ignacio Daniel Constantino
Claudio Daniel Crespino
Glenda Cryan
Carlos MartÃn De Lellis
Mercedes Yanina Escayol
Ana Clara Giménez
MarÃa Izcurdia
Luis Thiago López Escobar
Vanina Muraro
SofÃa Paula Petetta Goñi
Iara Robestein
Denise Roitman
Gabriela Z. Salomone
Magalà Sánchez
Santiago Walsh
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Editorial
Les damos la bienvenida a la lectura del primer número de Intersecciones en este 2026. La aparición de esta edición en el mes de marzo nos convoca, como cada año, a la conmemoración del DÃa Internacional de la Mujer. Esta fecha, establecida formalmente por la ONU cada 8 de marzo, no solo nos invita a recordar las históricas luchas por la igualdad de derechos y las tragedias que marcaron el camino de las trabajadoras textiles en el siglo pasado, sino que también nos obliga a reflexionar sobre las problemáticas actuales que emergen en nuestra época. En esta oportunidad, centramos nuestra mirada en una forma de opresión que ha ganado terreno en la cotidianeidad de las nuevas generaciones: la violencia de género digital en la adolescencia.
La era tecnológica ha transformado radicalmente la manera en que los jóvenes se comunican y construyen sus vÃnculos. Como señala Santrock, los adolescentes de hoy forman parte de una generación en permanente contacto, que entiende las plataformas digitales como una extensión natural de su vida social. Sin embargo, este entorno de hiperconectividad no es neutral; en él se reproducen y potencian estructuras de desigualdad que afectan de manera desproporcionada a las mujeres adolescentes. Lo que antes se manifestaba en el espacio fÃsico como control o agresión directa, hoy encuentra en las redes sociales un canal de difusión masiva, instantánea y, muchas veces, impune.
La violencia de género digital se manifiesta a través de modalidades que trascienden la pantalla. El ciberacoso, el monitoreo constante de la actividad en lÃnea, la exigencia de envÃo de material Ãntimo y la difusión de imágenes sin consentimiento -prácticas hoy tipificadas en la Argentina bajo la Ley Olimpia- son realidades que impactan profundamente en la subjetividad. En esta etapa vital, donde el psiquismo trabaja intensamente en la integración de la imagen corporal y la mirada del otro, estas agresiones cobran una gravedad particular. Como profesionales de la salud mental, sabemos que el cuerpo adolescente se co-construye en el marco social, y cuando ese marco se vuelve un escenario de hostigamiento o cosificación, los efectos en la salud mental son devastadores.
Uno de los rasgos más preocupantes de este fenómeno es su invisibilidad. El anonimato que ofrecen las redes y la mediación de la pantalla generan una ilusión de ocultamiento que despersonaliza el vÃnculo, haciendo que las agresiones se perciban como "menos reales" o simplemente virtuales. Sin embargo, el daño subjetivo es tangible. Las adolescentes que atraviesan estas situaciones suelen desarrollar cuadros de ansiedad, depresión, aislamiento y un estado de hipervigilancia constante ante el temor de una nueva agresión.
Esta problemática se sostiene, además, sobre una base de violencia simbólica. Tal como propone Bourdieu, el poder opera muchas veces de manera imperceptible, logrando que las vÃctimas internalicen y naturalicen el maltrato como algo habitual del entorno digital. Esto explica por qué muchas jóvenes no denuncian o se sienten culpables por la violencia sufrida, mientras la sociedad muchas veces desplaza la responsabilidad del agresor hacia la conducta de la vÃctima.
Al conmemorar un nuevo 8M, reafirmamos que la lucha por una vida libre de violencias debe incluir necesariamente la seguridad en los entornos virtuales. No podemos naturalizar el control ni el hostigamiento como parte de los vÃnculos afectivos. La violencia de género digital es una problemática central de nuestra época que requiere un compromiso colectivo para proteger la integridad y la autonomÃa de las mujeres adolescentes, garantizando que el espacio digital sea un lugar de encuentro y crecimiento, y no un escenario de vulnerabilidad. Destacar la urgencia de este abordaje es, en definitiva, honrar el espÃritu del DÃa Internacional de la Mujer en el siglo XXI, y asumir como profesionales de la salud mental la responsabilidad de ocuparnos de esta problemática.
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Claudio Miceli